Es extensamente conocido que la luz natural nos aporta beneficios en nuestra salud, nos aporta energía, nos revitaliza, interviene en los procesos biológicos de los ciclos naturales del sueño, e incluso nos potencia el buen humor y evita la depresión.

En este sentido en la iluminación de una vivienda el papel de la luz natural se convierte en un factor importante a la hora de generar bienestar de los usuarios, regulando el reloj biológico y preparando el organismo a los diferentes momentos del día. Es por ello que deberemos potenciar la entrada de luz natural a todas las estancias de nuestras viviendas y escoger la luz artificial más apropiada en cada espacio.

¿Cómo lo hacemos posible en una vivienda existente?

Una vivienda existente tiene una orientación y características de su envolvente determinadas que permitirán un grado de entrada de luz natural en el interior.  Muchas veces esta entrada de luz no se aprovecha al máximo en la vivienda debido a su excesiva compartimentación o a la presencia de acabados muy oscuros (paredes, suelos, techos).

Con este ejemplo de la reforma de una vivienda situada en Barcelona, donde el reto fundamental fue incorporar la luz natural a un espacio interior muy castigado por la escasez de iluminación, podemos explicar diferentes estrategias para potenciar al máximo la contribución de la luz diurna en el interior de la vivienda. Así, los criterios de intervención fueron los siguientes:

  • Eliminación de la compartimentación de las estancias de día, como la cocina y el salón comedor que permiten descubrir ventanas que aportan luz a la totalidad de la vivienda mientras que anteriormente quedaban relegadas a espacios secundarios. Con ello se consigue la creación de un espacio fluido, sencillo, en el que la luz natural se vuelve protagonista.
  • La elección del blanco como leitmotiv de la decoración interior, que dirige la mirada en todo momento y el uso de materiales sencillos y difusores de la luz como cristal traslucido y madera clara son los elementos que la caracterizan.
  • La utilización de algunas puertas de cristal traslúcido en espacios intermedios como la del lavadero que permite la entrada de luz al distribuidor que debido a su dimensión se utiliza como zona de estudio.

   

Otras posibles estrategias podrían ser incorporar divisorias de vidrio, priorizar las zonas de día en las estancias con mayor luz natural, como por ejemplo zonas de trabajo, estudios, etc. y colocar claraboyas o tubos solares siempre que sea posible.

Por otro lado, como no podremos evitar el uso de luz artificial en las horas nocturnas, deberemos prestar atención al tipo de iluminación escogida.

A continuación mostramos algunas pautas para escoger la luz artificial que mejor se adapta a nuestro organismo:

  • En función el tipo de estancia se debe escoger una lámpara con más o menos intensidad de luz. Así en la cocina (espacio de trabajo) deberemos escoger una con intensidad alta (mínimo 300-500lux) mientras que en un pasillo con 100lux será suficiente.
  • El Índice de Reproducción Cromática (IRC) y la Temperatura de color serán importantes de cara a asimilar la luz artificial a la luz día. A mayor IRC más fidelidad de reproducción de colores y por lo tanto más confort lumínico para las personas. En cuanto a la temperatura de color se mide en ºK e identifica la calidez o frialdad que produce una fuente de luz: entre 2.500 y 4.000ºK es una luz cálida (mejor para iluminación nocturna en zonas de descanso), entre 4.500 y 5.000ºK una luz de medio día (zonas de estar, trabajo en oficinas, con actividad media etc.) mientras que a partir de 6.000ºK obtenemos una luz azulada o fría (en zonas de intensa actividad).

Por último, no por ello menos importante, debemos tener en cuenta que a un mayor aprovechamiento de luz natural corresponde un ahorro energético importante para nuestras viviendas.

Como siempre acercarnos a lo que nos ofrece la naturaleza es el primer paso para encontrar la solución, aunque a veces resulte demasiado obvio.