El aire que respiramos es básico para nuestra salud. Así como nos preocupamos por la calidad del aire de nuestras ciudades (contaminación, humos), deberíamos empezar a controlar la calidad del aire en nuestro hogar, donde pasamos gran parte del tiempo y donde nos reponemos de los efectos de dichos contaminantes.

En nuestras casas pueden concentrarse unas dosis de contaminantes biológicos y químicos (COV, Compuestos Orgánicos Volátiles) mucho más altas de lo que pensamos y que en algunos casos no son de fácil detección a simple vista. Para poder minimizarlos o eliminarlos, no basta con ventilar (acto esencial en una vivienda), sino que debemos conocer la fuente de cada uno.

Entre los químicos (COV) presentes en nuestros hogares los principales son:

  • Fuentes de combustión (gas, fuel, madera…)
  • Materiales de construcción como maderas, tableros, espumas aislantes, fibras, etc.
  • Materiales de acabados (pinturas, barnices, colas, adhesivos, etc.) y decoración (muebles, moquetas, papeles pintados, cortinas, colchones, almohadas…)
  • Productos de limpieza
  • Productos de higiene corporal
  • Ropa y juguetes

Y entre los biológicos encontramos:

  • Bacterias
  • Mohos
  • Ácaros
  • Polen
  • Pelos de mascota
  • Plagas

De todos estos contaminantes, en este artículo nos vamos a ocupar de los que derivan del empleo de algunos materiales de construcción, entendiendo nuestra casa como una tercera piel que nos envuelve. Por lo tanto, cuando nos planteamos hacer una reforma, pintar una habitación o mudarnos a un nuevo hogar, deberemos tener en cuenta los materiales que escogemos para que sean lo más saludables posible, es decir materiales basados en la bioconstrucción.

El compuesto que se encuentra en mayor cantidad y materiales que utilizamos es el formaldehido, compuesto irritante y cancerígeno. Está presente en casi todos los materiales: muebles, alfombras, tejidos y pinturas. Lo notamos con un olor característico cuando los muebles son nuevos, pero permanece a lo largo del tiempo. A parte del formaldehido existen otros contaminantes a tener en cuenta; adjuntamos una tabla resumen donde se relaciona el químico tóxico, los efectos de estos en la salud y dónde se puede encontrar:

(Fuente: Guías WECF para la prevención de tóxicos en la vida cotidiana)

¿Qué podemos hacer para, una vez identificados, reducir la presencia de estos productos tóxicos en nuestras casas?

  • Utilizar productos naturales de proveniencia controlada y gestión sostenible, mejor si son locales y en tiendas especializadas;
  • Solicitar las fichas técnicas del producto, para asegurar que en los procesos de fabricación y manipulación no se haya utilizado ninguna sustancia toxica
  • Utilizar pinturas y colas que sean solubles en agua, evitar los disolventes químicos
  • Intentar que las superficies sean lo más lisas posible, para evitar acumulación de suciedad entre las juntas
  • Elegir suelos de madera procedente de Europa o los de bambú, linóleo, corcho, caucho natural, en lugar de laminados, moquetas, PVCs y maderas tropicales
  • Ventilar y limpiar frecuentemente
  • Adquirir mobiliario con etiqueta ecológica
  • Lavar los tejidos varias veces antes de utilizarlos

Un recurso muy útil, para profundizar de forma sencilla sobre este tema y otros aspectos a tener en cuenta sobre la presencia de tóxicos en la vida cotidiana, son las “Guías WECF para la prevención de tóxicos en la vida cotidiana” que podéis encontrar en formato PDF en la web de CAPS (Centre d’Anàlisi i Programes Sanitaris).

Hay también libros especializados en el tema, como “Vivir sin Tóxicos” de Elisabet Silvestre (ed. RBA) o “El gran libro de la casa sana” de Mariano Bueno (ed. Martínez Roca).